Las mujeres del cine mexicano
Desde muy pequeña, el cine ha
representado para mí, esa “fábrica de sueños” donde puedo vivir, como si fuese
en carne propia, historias fantásticas (y no tan fantásticas) con las que puedo
reír, llorar, enojrame y hasta enamorarme. Pero con el pasar de los años mi
inclinación por el séptimo arte pasó de ser un gusto por ver películas a un verdadero amor por conocer todo lo
referente al amplio universo de la cinematografía.
Y como cualquier buen amante del cine, comencé
a interesarme particularmente por el trabajo de ciertos directores, guionistas,
actores, y demás colaboradores del gremio de la industria cinematográfica. No
tardaron en aparecer nombres como Stanley Kubrick, Alfred Hitchcock, Woody
Allen, Quentin Tarantino, Tim Burton, y por supuesto los mexicanos Guillermo
del Toro, Alfonso Cuarón, Alejandro González Iñárritu, entre otros, todos tan
diferentes como peculiares sus formas de hacer películas. Entonces mi gusto por
el cine se convirtió en un deseo profundo por hacer cine,
deseo que confío volver realidad algún día. Convertirme en una directora de
películas, ¡qué bien suena eso! Y en ese momento reflexioné que no conocía
muchos nombres de mujeres directoras, y menos del cine mexicano. E incluso me
atrevería a decir que es el caso de muchos, amantes o no del cinematógrafo.
Las estrellas de la pantalla grande.
Y es que en realidad, si hablamos de
mujeres del cine mexicano, seguramente nos vendrían a la mente aquellas famosas
actrices que marcaron la historia de la cinematografía en nuestro país en la
tan importante “Época de oro”, en la que, como dijera García Riera, se
estableció un “star system sin precedente en la historia del cine en español”
(1986). Tal vez lo más cerca que hemos estado de esa idolatría por las
estrellas del cine que Hollywood ha sabido mantener hasta la fecha.
Comenzando por María de los Ángeles
Félix Güereña, mejor conocida como María Felix, La Doña, María Bonita, o la
Mexicana, como fue llamada en Europa. Actriz que por su trascendencia e impacto
en la industria cinematográfica de nuestro país, se ha convertido en todo un
ícono rodeado de mitos.
A la Doña le bastó su fama nacional,
en América Latina y Europa, y nunca quiso incursionar en el cine
Norteamericano, la gran meca del cine occidental, como sí lo haría Dolores
Asúnsolo y López Negrete de Martínez del Río o Dolores del Río. Esta gran
actriz mexicana, inició su carrera en Hollywood realizando más de 30 películas
antes de regresar a México, convirtiéndose así en la primera actriz
latinoamericana que tuvo éxito en la cinematografía estadounidense.
Sara García, que impondría modelos de matriarcado; Lilia Prado, María
Antonieta Pons y Silvia Pinal, cuya sensualidad se reflejaba en la pantalla
grande, son algunas otras de las actrices que sobresalieron en aquellos
primeros años de éxito del cine mexicano.
La llegada de la televisión, como
bien sabemos, tuvo un impacto irreversible en el mundo y México no fue la
excepción. Las telenovelas se convirtieron en el sustituto del melodrama
cinematográfico y con ellas una nueva generación de actrices surgió para
reemplazar la popularidad de sus antecesoras del celuloide.
El star system mexicano no volvería a
ser el mismo, sin embargo, aún algunas mujeres lograrían ser reconocidas por su
trabajo cinematográfico. En los años 50’s, se pondría de moda temas de
conflictos juveniles y actrices como Martha Mijares, Patricia Conde y Julissa
serían protagonistas de esta clase de filmes. Más adelante en los 60’s, los
musicales surgieron, intentando imitar el estilo Hollywoodense, llevando a la
pantalla a actrices como Ángelica María y a la ya conocida Julissa.
Incluso la aparición del llamado cine de
ficheras, ese cine de baja calidad y con una temática explícitamente
sexual, dio al público nombres para guardar en la memoria colectiva, como la
emblemática Sasha Montenegro o la famosa Lyn May.
Hoy podemos pensar en nombres como
Susana Zabaleta, premiada como mejor actriz por su papel en “Sexo, pudor y
lágrimas”, o la reciente ganadora del Ariel por su actuación en la película “No
quiero dormir sola”, Adriana Roel, con sus ya más de 50 años de trayectoria.
Incluso las más populares, (sin tomar realmente en cuenta su desempeño como
actrices, sino su fama), como Martha Higareda, Ana Claudia Talancón, Ana Serradilla
y un largo etcétera.
Las directoras.
Pero, ¿qué pasa con la historia de
las mujeres directoras en México? ¿Dónde están? Me pregunté. Tuve la fortuna
entonces de toparme con un valioso libro escrito por Rosario Vidal Bonifaz
(investigadora doctora en Ciencias del Desarrollo Humano, integrante del
Sistema Nacional de Investigadores y docente del Departamento de Sociología de
la Universidad de Guadalajara), titulado “Surgimiento de la industria
cinematográfica y el papel del Estado en México (1895-1940)” cuya temática,
como su título lo indica, versa sobre la relación que tuvo el estado en el
desarrollo del cine en nuestro país, ofreciendo al mismo tiempo un examen
minucioso de la historia del cine mexicano. Fue ahí donde encontré gratamente a
las primeras mujeres directoras del cine mexicano.
María Herminia Pérez de León
Avendaño, conocida con el nombre de Mimí Derba, es una de las pioneras del cine
mexicano. Además de ser la fundadora de la primera productora de cine
organizada –Azteca Films-, es considerada la primer directora de cine en
nuestro país por el filme “La tigresa” (1917), que es además, la única película
de su productora en la que no actuó.
En 1928, Candida Beltrán Rendón dirigió la
película “El secreto de la abuela”, la historia de una huérfana que debe
hacerse cargo de su abuela invidente y que es adoptada por Don Fernando, quien
se encariña de su jovialidad. La película ya era silente, pero es Adela
Sequeyro Haro quien es reconocida como la primera
mujer directora del cine sincrónico de argumento por la película “Más allá de
la muerte” (1935) que realizó en codirección con Ramón Peón.
Dos años después, Adela Sequeyro
dirige su película “La mujer de nadie”, en la que también actuó y
escribió. En 1938 realizó “Diablillos del arrabal” que fue la última cinta en
la que participaría como directora antes de retirarse definitivamente de la
industria cinematográfica.
Más tarde. En 1948, la película “Lola
Casanova”, un drama histórico con un toque de romance, se estrenó en las salas
de cine mexicanas, teniendo como directora a Matilde Landeta. Esta mujer
que comenzó su trabajo en el cine como anotadora desde 1933 y que ascendió años
más tarde a asistente de dirección, logró dirigir 3 películas más: “La negra
Angustias” (1949), “Trotacalles” (1951), “Nocturno a Rosario” (1991), pero son
numerosas las películas en las que colaboró como asistente de dirección,
guionista y productora.
En mi búsqueda de mujeres directoras,
llegué hasta finales de los años 80’s y 90’s, donde encontré el surgimiento de
una nueva generación de autoras, entre ellas María Novaro, Socióloga y
Productora cinematográfica, que inició su carrera en el cine en 1984. Películas
como “Lola” (1989), “El jardín del Edén Mexicano” (1994), y las “Buenas
hierbas” (2010) son ejemplo de su excelente trabajo como directora. Ha dirigido
siete largometrajes, ocho cortos, además de sus colaboraciones como editora,
guionista, actriz y productora en otros filmes, razón por la que es considerada
la más exitosa directora de cine de nuestro país.
Otros nombres importantes como
Marcela Fernández Violante, directora de filmes como “Misterio” (1980), y
“Golpe de suerte” (1992); Guita
Schyfter, con “Novia que te vea” (1994) y “Las caras de la luna” (2002); Dana Rotberg, con “Ángel de Fuego” (1992) y
“Otilia” (2001); Maryse Sistach, con
“Perfume de Violetas” (2001) y “El brassier de Emma” (2007) entre otras, han
aparecido en el séptimo arte en México.
Y ¿qué hay del reconocimiento del
trabajo de las directoras? Pues bien, como todos sabemos el premio Ariel
otorgado por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC),
es el premio de mayor prestigio y el más antiguo (desde su fundación en 1947)
de nuestro país, razón que me llevó a buscar entre los ganadores y nominados en
la categoría de dirección. De las más de 150 nominaciones a lo largo de la
historia de esta categoría, únicamente 8 mujeres han sido nominadas (Marcela
Fernández, María Novaro, Dana Rotberg, Guita Schyfter, Maryse Sistach, Lydia
Zimmerman, Mariana Chenillo, Paula Markovitch), y hasta ahora, ninguna
ganadora. No por ello habría que quitarles el crédito ni despreciar su
importantísima aportación al cinematógrafo, y sobre todo a la participación
femenina en una industria que ha sido marcadamente dominada por los hombres.
El caso de las premiaciones a Guion
Cinematográfico difiere, al ser cinco las mujeres que han sido merecedoras del
Ariel: Cecilia Pérez Grovas y Carolina Rivera por “Cilantro y Perejil” (1997),
Laura Esquivel por “Como agua para chocolate” (1992), Guadalupe Ortega por
“Rojo amanecer”(1991), María Novaro y Beatriz Novaro por “Lola” (1990) y
Josefina Vicens por “Renuncia por motivos de salud” (1977) y “Los perros de
Dios” (1974), además de otras siete nominadas al premio.
Y no nos olvidemos de aquellas
mujeres editoras, productoras, diseñadoras de vestuario, escenografía,
encargadas de la fotografía, e incluso las investigadoras y demás colaboradoras
cuyos aportes han contribuido, de una manera u otra, a preservar y fortalecer
la existencia del cine en México y cuyos nombres quedan, la mayoría de las
veces, en el anonimato.
La mejor forma de dar reconocimiento
a las mujeres del cine mexicano es, sin duda alguna, conocer y reflexionar
sobre su trabajo, por lo que mi la búsqueda
no culmina aquí y no queda más que invitarles a explorar el amplio universo del
cine, mexicano o no, a mi lado cada semana.
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